
Reciéntemente pasé a resolver unos ¨problemas¨ con un vecino a los Juzgados de un pueblo cabeza de partido ,de la noble provincia española de Córdoba . Cual fue mi sorpresa que en pleno siglo XXI la justicia y el trato al ciudadano. es el mismo que el de hace un siglo. Malo, humillante y prepotencia por parte de los funcionarios y también porqué no de los magistrados y fiscales. Qué en el caso que me ocupaba, se mostraban bastante intransigentes entre ellos mismos, dejándo entrever que había mucho distanciamiento entre ambas partes-las dos eran féminas- y en el aire de la digamos, sala de juicios, se respiraba el odio entre ambas.
Consecuencias de este ¨mal rollo¨ entre magistrada juez y fiscal probablemente recaiga sobre mí persona, que en este caso sería el ¨demandado¨. Francamente no se que hacer, ya que por otra parte, el abogado que me representaba no estaba a la altura y me temo lo peor.
Insistir en que no se puede tratar a los ciudadanos con la prepotencia y el despotismo como nos trataron hace apenas unos días, esto lo único que conlleva es que cada vez más, desconfiemos en los administradores de la ley, que ni son más, ni mejores que nosotros y podrían guardarse las actitudes altivas para sus momentos íntimos.
Ellos como tantos otros de la Administración Pública, son unos meros ¨funcionarios¨ y el hecho de vestir una ¨toga¨o como coño se llame, no les exime de tener respeto y buenos modales para con los demás. Los ciudadanos de este País, con los impuestos que nos obligan a pagar, deberíamos disponer de una Administración de Justicia moderna, con funcionarios competentes, instalaciones adecuadas a los tiempos actuales, sistemas de mecanización de ultimas generaciones y sobre todo con una vocación de servicio a los demás, libre de cualquier duda.
Ahora mismo, lo cierto es que se sigue ofreciendo la imagen tercermundista que siempre hemos ofrecido fuera de nuestras fronteras. Parece mentira que seamos miembros de la Unión Europea, deberíamos de acercarnos más a la seriedad y transparencia de Paises como Alemania, Holanda, Dinamarca etc. En lo único en que nos asemejamos es en el consumo de alcohol, y quizás incluso les superemos. España, está necesitada de un cambio radical en sus costumbres y deberá subirse de una vez por todas, en el tren de la Modernidad, aunque fuera en el vagón de cola.
Nuestro sistema de Justicia es caótico, carente de seriedad, y prepotente. Dejando muy a un lado los principios y derechos de los ciudadanos. De poco sirve el que te lean unos derechos, te obligen a firmarlos y a los pocos minutos te tratan como a un don-nadie. Esto es simplemente inaceptable.


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