
Diez años han pasado y parece como si hubiese sido ayer, jamás olvidaré la madrugada fría de Madrid en la que mí hermana me comunicaba por teléfono. la muerte de mí padre, a dos mil kilómetros de distancia. Algo que aunque estés razonablemente educado para esperar un momento tan terrible, no puedes aceptarlo como un acontecimiento cotidiano de nuestra sociedad. Es tú padre, no un extraño, es la persona con la que siempre has tratado de compararte y quizás nunca llegaste a igualar. Eso duele y mucho.
Mí padre, Jaime, nos dejó después de una larga convalecencia con apenas 77 años, después de haber sobrevivido una guerra civil, siete hijos que criar, una operación a corazón abierto, severos infartos, disgustos , malas caras y toda esa clase de penurias que suceden en nuestras vidas y que normalmente, los buenos patriarcas, tratan siempre de perdonarte y volver a dar una nueva oportunidad. Por lo menos el mío, así fue hasta el final.
Ahora, una década más tarde, me arrepiento tanto de no haber tenido más tiempo y paciencia para haberlos compartido con él y por supuesto con mí madre. Hoy lamento que a pesar de nuestras diferencias, por otro lado, siempre normales entre diferentes generaciones, no hubiera el acercamiento necesario para haber aprendido mucho más de él. Papá te quiero y estés donde estés, estoy seguro que velarás por todos nosotros, tus seres queridos. Por mí parte, trato, lo mejor que puedo, aplicar tus enseñanzas con mis hijos y conmigo mismo,y te aseguro que no hay día que pase por mí vida que no estés presente.
Desde mí modesta y normal existencia, te deseo descanses en paz, te recordaremos siempre y te encontrarás acompañado por todos nosotros, tú esposa, tus hijos, tus nietos, todos.. Un beso papá, te quiero Mones.
Mí padre, Jaime, nos dejó después de una larga convalecencia con apenas 77 años, después de haber sobrevivido una guerra civil, siete hijos que criar, una operación a corazón abierto, severos infartos, disgustos , malas caras y toda esa clase de penurias que suceden en nuestras vidas y que normalmente, los buenos patriarcas, tratan siempre de perdonarte y volver a dar una nueva oportunidad. Por lo menos el mío, así fue hasta el final.
Ahora, una década más tarde, me arrepiento tanto de no haber tenido más tiempo y paciencia para haberlos compartido con él y por supuesto con mí madre. Hoy lamento que a pesar de nuestras diferencias, por otro lado, siempre normales entre diferentes generaciones, no hubiera el acercamiento necesario para haber aprendido mucho más de él. Papá te quiero y estés donde estés, estoy seguro que velarás por todos nosotros, tus seres queridos. Por mí parte, trato, lo mejor que puedo, aplicar tus enseñanzas con mis hijos y conmigo mismo,y te aseguro que no hay día que pase por mí vida que no estés presente.
Desde mí modesta y normal existencia, te deseo descanses en paz, te recordaremos siempre y te encontrarás acompañado por todos nosotros, tú esposa, tus hijos, tus nietos, todos.. Un beso papá, te quiero Mones.


No hay comentarios:
Publicar un comentario