Suena raro así de entrada, pero creo haber dado, por casualidad, con las bases de lo que sería una nueva e innovadora teoría económica. Les cuento.
Luis, ingeniero de profesión y observador minucioso de vocación, esbozó, supongo que sin saberlo, las primeras líneas de esta revolucionaria visión que no basa sus análisis en indicadores tan complejos como el PIB o la fluctuación en el precio del barril de crudo (¿no sería más sencillo dejarlo como está y a otra cosa mariposa?) ni siquiera en cuestiones tan metafísicas como la inflación, la depreciación de la moneda, o el IBEX 35. El asunto es como sigue:
El tal Luis, que pasa sus horas muertas fijándose en esas pequeñas cosas que tú y yo siempre pasamos por alto porque, todo hay que decirlo, no tiene otra cosa que hacer, estuvo el otro día un buen rato en la puerta de su casa observando el ir y venir de los carpinteros, electricistas y albañiles que remataban los últimos detalles de una flamante peluquería de próxima apertura. Hasta ahí todo normal.
Dos viviendas más allá y en la acera de enfrente, otra local de las mismas características llevaba funcionando durante varios años y a Luis se le pasó por la cabeza (nunca mejor dicho) que tanta tijera y gomina en la misma calle no tenía mucho sentido, vamos, que los nuevos propietarios se habían equivocado de negocio. Y hasta lógico parece.
- Podían haber montado un bar, que los bares dan dinero, que las penas y alegrías siempre son un valor en alza, se dijo.
Después el tal Luis cerró el portal de su casa y se fue a seguir haciendo nada por el barrio. Y aquí es donde comienza todo:
Cruzó la acera y se dirigió hasta el bar y siguió pensando en aquello que todos sabemos, aunque sea de oídas, que España es el país con más bares por parroquiano de Europa.
Tenían que haber montado un bar, repitió.
Pero en el trayecto se tropezó con Kiko. Y fue Kiko quien le abrió los ojos:
- ¡Cómo que dos peluquerías! Y la de la esquina, y la que está al lado de la pescadería, y la de la plaza...
Y las dos que tienen rodeado al viejo videoclub, y las tres de San Juan... Repentinamente Luis se dio cuenta de que en su barrio, un barrio pequeño, la cantidad de locales donde te cortan el pelo podía ser superior al de bares, y se dispuso, atemorizado, a contabilizarlos. Dio un largo paseo por su pequeño barrio y contó nada menos que once, frente a los ocho bares que de toda la vida venían aguando las conversaciones de los vecinos.
Perdimos por tres, pensó disgustado.
Y se fue para casa con la sensación de que en cualquier momento algún desaprensivo con tijeras iba a colocarle una cresta, o a lo peor la raya a un lado.
Al día siguiente me lo contó con una mezcla de indignación y sorpresa: no entendía porqué en tiempos de crisis, en lugar de bares, dónde la gente tiene un lugar para desahogarse delante de un vaso de vino pirriaco, proliferan las peluquerías. Y yo no le di más importancia. Sólo pensé: este tío cada día está peor.
¡Ah!, pero eso es lo que tiene los genios, que son unos incomprendidos, que los tratamos como locos cuando realmente son los visionarios. Porque de esta simple observación cotidiana, y dado el estado actual de nuestra economía (y me refiero a la tuya y la mía, no a la de Repsol, Telefónica, Unelco, y CIA) se pueden extraer muchas conclusiones:
a) Que realmente perdimos por tres.
b) Que, en tiempos de crisis, si seguimos yendo a los bares y nos cortamos más el pelo, es que estamos dejando de comprar para el potaje.
c) Que nuestros ingresos son inversamente proporcionales a la proliferación de peluquerías.
d) Que si nos cuesta llegar a fin de mes no es por ir al bar: es por culpa del barbero.
e) Que si ves montar una peluquería en tu barrio, es que se te va a caer, aún más, el pelo.
Y dado que el aumento de peluquerías coincide de una forma abrumadora con el desplome de la macroeconomía, recomendamos a los Gobiernos, Bancos Centrales y demás instituciones que, además de inyectar cientos de miles de nuestros millones para ayudar a reflotarla (o para que los ejecutivos de las grandes empresas puedan mantener su tren de vida, que es lo mismo), subvencionen el corte de pelo a los parroquianos en aras del bien común. Así podremos seguir yendo a los bares para mentar a su señora madre, y pedirles explicaciones de adónde ha ido a parar nuestro dinero.
Gracias Luis, eres un genio.
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