
Apenas estamos interceptando pateras por cualquier costa del Sur de Europa, cuando por otras se debaten entre la vida y la muerte un puñado de ¨soñadores de color¨ que valiéntemente o no, han dejado atrás todo, sus familias, sus seres queridos y sus pocas pertenencias para arrojarse a la SIMA de una aventura incierta que les recompensará con una mejor vida y quizás riqueza,pero no exenta de la sombra de la desgracia.
Son muchos, como los de hoy,- de momento más de 14 desaparecidos-, entre ellos criaturas, que ajenas de cualquier malicia y sin derecho a replica, se han visto sometidos a emprender tan atrevidos y salvajes viajes. El mar o la mar, como gusta llamarla a los pescadores, es infinitamente insaciable y pobre de aquel que no conozca apenas sobrevivir en ella, está perdido, y esto es lo que les habrá sucedido a las víctimas de hoy.
La sóla presencia de una patrullera o barco interceptor, en la mayoría de los casos es motivo suficiente para levantar la alarma y sembrar el pánico entre los navegantes de esas seudo-embarcaciones de ¨esperanza¨ que apenas sean un poco zarandeadas por el oleaje provocado de cualquier otra embarcación o alteración del orden a bordo, irremediablemente acaban zozobrando. Provocando la desgracia irremediablemente.
En el 90% de los casos de pateras, los ¨tripulantes¨ son apenas gente que además de no haber visto nunca el ¨Mar¨,no tienen apenas conocimientos de nadar o por lo menos ¨chapotear¨, imagínense las secuencias de terror que habrán sucedido una vez más en las propias narices de los ¨rescatadores¨.
A esto, hay que ponerle fín, buscar una solución no será tarea fácil, pero no debemos de permanecer impasibles ante este silencioso regero de muertes anónimas que diariamente son engullidas por las profundidades de los mares.
Nuestra obligación para con ellos, no sólo consiste en ofrecerles ropa seca, atención sanitaria y alimentos para después repatriarlos. Se debería ampliar en algo más. Quizás y aprovechando la situación actual, no estaría de más el invertir en micro-empresas y concederles créditos baratos que les motivara a emprender en sus países de origen los sueños que como a cualquier otro ser humano le invaden sus pensamientos. Todo esto, por supuesto, amparado y supervisado por los propios Países donantes.
Son muchos, como los de hoy,- de momento más de 14 desaparecidos-, entre ellos criaturas, que ajenas de cualquier malicia y sin derecho a replica, se han visto sometidos a emprender tan atrevidos y salvajes viajes. El mar o la mar, como gusta llamarla a los pescadores, es infinitamente insaciable y pobre de aquel que no conozca apenas sobrevivir en ella, está perdido, y esto es lo que les habrá sucedido a las víctimas de hoy.
La sóla presencia de una patrullera o barco interceptor, en la mayoría de los casos es motivo suficiente para levantar la alarma y sembrar el pánico entre los navegantes de esas seudo-embarcaciones de ¨esperanza¨ que apenas sean un poco zarandeadas por el oleaje provocado de cualquier otra embarcación o alteración del orden a bordo, irremediablemente acaban zozobrando. Provocando la desgracia irremediablemente.
En el 90% de los casos de pateras, los ¨tripulantes¨ son apenas gente que además de no haber visto nunca el ¨Mar¨,no tienen apenas conocimientos de nadar o por lo menos ¨chapotear¨, imagínense las secuencias de terror que habrán sucedido una vez más en las propias narices de los ¨rescatadores¨.
A esto, hay que ponerle fín, buscar una solución no será tarea fácil, pero no debemos de permanecer impasibles ante este silencioso regero de muertes anónimas que diariamente son engullidas por las profundidades de los mares.
Nuestra obligación para con ellos, no sólo consiste en ofrecerles ropa seca, atención sanitaria y alimentos para después repatriarlos. Se debería ampliar en algo más. Quizás y aprovechando la situación actual, no estaría de más el invertir en micro-empresas y concederles créditos baratos que les motivara a emprender en sus países de origen los sueños que como a cualquier otro ser humano le invaden sus pensamientos. Todo esto, por supuesto, amparado y supervisado por los propios Países donantes.


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